Suelen despertarnos de inmediato y tener un claro recuerdo de lo que sucedió. Muy distinto a los terrores nocturnos.
Los terrores nocturnos provocan la excitación, agitación, pupilas dilatadas, sudoración y aumento de la presión arterial. Es muy común que los niños despierten con gritos, aterrorizados durante unos minutos hasta que finalmente vuelven a dormir.
Normalmente no constituyen trastornos importantes pero si puede ser objeto de asesoramiento psicológico debido a los efectos secundarios en los niños como el miedo a la noche, a conciliar el sueño solo, irritabilidad, ansiedad, etc.




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